Pirateá el planeta, es divertido.

by Alejandro Pro / Videojuegos

Miro mi smartphone y pienso en las cosas que intentó advertirme Watch_Dogs. Aquellas lecciones que ignoré por la forma en que estaban contadas. Todo medio puede ser útil para transportar un mensaje concreto, para comunicar una idea que uno considera importante. Injusticias, agendas, temores que no permiten dormir. Pero al referirnos a videojuegos y a películas no debemos olvidar que estamos hablando de entretenimiento, y que no siempre se necesita una expresión de absoluta seriedad para discutir cualquier tema. A veces, es mejor divertirse. Hackers siempre nos lo recuerda.

 

 

Un grupo de adolescentes (y Angelina Jolie) se sienta frente a una computadora para dar rienda libre a su superpoder: escribir muy rápido y husmear en computadoras ajenas. Se infiltran en un canal de televisión, en una empresa multimillonaria e incluso en el sistema informático de la escuela. ¿Con qué propósito? Diversión, más que nada. Una forma de pasar el tiempo. Pero también están la inexplicable sensación adolescente de que cada acción está siendo evaluada por su entorno y la necesidad de demostrar aquello de lo que son capaces. Características clave para sobrevivir a la pubertad: encontrar individuos de mentalidad similar, comprobar el valor que tiene uno y sobrevivir a los padres. La película se concentra en esos rasgos, donde incluso el villano es un adulto que demuestra características infantiles como elegir su propio seudónimo, vestirse con una moda alternativa y andar en patineta (aunque los protagonistas se mueven en patines).

 

 

Watch_Dogs comparte la idea que funciona como disparador: un antagonista piensa que los héroes tienen el secreto que lo incrimina y toma medidas exageradas, cuando la verdad es que la invasión a sus archivos fue con un propósito mucho menos riesgoso (aburrimiento y dinero, respectivamente). Pero el videojuego elige caminar por otros senderos, unos que involucran traiciones, intriga, una sobrina muerta, explosiones y una gran variedad de armas. Es así que se presenta una trama donde el personaje parece sufrir con cada vida que castiga, y que va perdiendo un poco más de su identidad a medida que la historia progresa. O, por lo menos, eso se nos dice, incluso si no se manifiesta de algún modo.

 

 

Desde su teléfono celular, el protagonista puede hackear los servicios de la ciudad para detonar cajas auxiliares de edificios, cambiar colores en los semáforos y hacer explotar transformadores en la calle (entre otras cosas), y gran parte del tiempo usa estos superpoderes para detener criminales y escapar de la policía, según lo que busque hacer el jugador en su búsqueda de venganza. En Hackers, programan los rociadores contra incendios de la escuela para que se activen a mitad de una clase y así poder ver las remeras mojadas de sus compañeras. En definitiva, hay uno que pretende jugar un poco más con la idea del advenimiento de la era digital, y no es precisamente el videojuego. Incluso al alejarse de la informática, mientras Watch_Dogs ofrece más de 40 armas para ejecutar enemigos como plazca, la película muestra a Angelina Jolie disparando una bengala para ahuyentar guardias de seguridad. Se trata de un producto más honesto, más inocente, y que logra encontrar la diversión de manera más limpia.

En ambos casos, la idea surge a partir del miedo. En 1995 (más evidente en los años ’80), el público general no entendía a las computadoras y estaba atemorizado por ellas por las novedades que podían lograr. Hoy, la presencia de teléfonos móviles (smartphones, en realidad) aumenta rapidamente, al punto que cualquiera puede llevar un aparato con una capacidad de procesamiento impresionante. Los períodos de transición, ya sea digitalización de archivos o unificación de sistemas de seguridad, suelen involucrar mucho terror. Creemos saber lo que estas tecnologías nos permiten hacer, pero tememos ignorar sus límites cuando caen en manos imaginativas. De las dos, sólo una se divierte con esa idea. Resulta interesante pensar qué sería de Watch_Dogs si no se tomara tan en serio.

 

 

Lo que intento decir es que más obras de ficción lograrían mejorar si incluyeran a Angelina Jolie. Y, por supuesto, no hay mejor final que el que involucra una piscina en la terraza de un edificio.